Limpiando la lápida de mi abuela, me fijé en una fosa cercana a la suya, cuya inscripción me resultó tan sorprendente que tuve que parpadear varias veces para asegurarme de estar leyendo correctamente lo que aquellas letras me decían: " Wolfgang Amadeus Mozart " 2756-2791. No podía creer lo que estaba leyendo, lo repetí en voz alta una y otra vez con el fín de llamar la atención de alguna persona que, con seguridad, pensase enseguida que yo estaba loca, pero al margen de lo que pensasen o no pensasen los demás, yo necesitaba compartir de inmediato el descoloque mental que aquella tumba me estaba produciendo.
El desconcierto que me invadía en aquel momento era tan grande, que no me percaté de la fotografía que ilustraba el nombre del difunto. Era un muchacho increíblemente atractivo, muy joven, no parecía superar los 25 años, con el cabello largo del mismo color de los frutos secos, que le caía en cascada de manera natural sobre unos rasgos angulosos perfectamente dibujados. Estaba en posesión de una mirada muy profunda, de esas que no permiten llegar al fondo y parecen analizarte mientras te desnudan. Sentí un escalofrío recorriendo todo mi cuerpo cuando me encontré con aquellos ojos hipnóticos que parecían querer hablarme desde la tumba y, con aquella media sonrisa socarrona, que aseveraba la primera impresión que tuve de su mirada. A partir de aquella tarde soleada de otoño, mi vida cambiaría para siempre.
2756-2791. Wolfgang Amadeus Mozart..No podía ser cierto, tenía que ser el producto de una gravísima errata en la grabación sobre aquel mármol veteadamente frío. Un montón de preguntas sin respuesta se agolparon desordenadamente en mi cabeza ¿Estaba soñando ? ¿Acababa de volverme loca? ¿ Nadie en el mundo, excepto yo, habría reparado en aquella enigmática tumba?.
Busqué desesperadamente por el cementerio alguna persona que pudiese compartir aquel hallazgo conmigo, pero la poca gente que allí había, no creía ni una palabra de lo que una jovencita pudiera decirles.- ¡ Anda niña, que tengo mucho que hacer !- Era la respuesta común de las personas a las que yo eufóricamente les solicitaba ayuda.
No tenía más intención que llegar a casa corriendo y ponerme a empaparme en internet de todo lo relacionado con Mozart. Cuál fué mi sorpresa, al leer las sucesivas fechas del nacimiento y muerte del genial compositor: 1756- 1791. Coincidian en todas sus cifras con las de la lápida del cementerio, bueno, en todas menos en la de la unidad de millar, que lograba distanciarse en el tiempo nada más y nada menos que un milenio entero.
A la mañana siguiente me presenté rauda y veloz en el registro civil, iba preparada para escuchar las risotadas de los funcionarios de ventanillla cuando se enterasen de lo que yo les iba a pedir, toda la documentación que tuviesen sobre un joven , supuestamente del pueblo, ya fallecido, llamado Wolfgang Amadeus Mozart y al que le restaban 748 añitos aún para nacer, casi nada. Como era evidente, solo conseguí sentirme ridícula y ruborizada. Nadie en el mundo creía lo que yo había visto con mis propios ojos. Y era lógico, tampoco yo creería en algo tan absurdo, aunque me lo hubiesen jurado y perjurado una y mil veces.
Al salir del registro civil, en donde pasé la mayor vergúenza de mi vida, una mano muy cálida y temblorosa me agarró con fuerza del hombro, al girarme, ví a un hombre de aspecto afable, muy mayor, no sabría calcular su edad, porque pareciera tener más de 100 años, que me preguntó con tono suave e inflexible : ¿Has contado alguna vez las olas del mar y.. las olas futuras de todos los Océanos de este planeta? Mi cara se estiró tanto con la sorpresa de aquella pregunta, que parecía me la hubiesen pegado desde la nuca con loctite. Tartamudeando le contesté - Cla-claro que no -. Muchacha, entonces, cómo podrás contar todas las capas de las diferentes dimensiones de todos los Universos? - Cuando halles la respuesta correcta en el interior de tu Cosmos Universal, tendrás todas tus preguntas resueltas -.
Un pasaje del Requiem en Re Menor de Mozart empezó a sonar en mi cabeza..Amadeus acababa de conquistarme y darme a su vez la respuesta exacta a muchas de mis torpes preguntas...


Bonito relato, invita a reflexionar.