Antonia estaba exultante aquella mañana. A sus 65 años balbuceaba nerviosa como una niña ante la fiesta de su cumpleaños. Pero no era el cumpleaños de Antonia lo que se iba a celebrar. A Antonia le esperaba un acontecimiento mucho más importante en su vida, iba a desplazarse a Portugal para reencontrarse con su adorada Virgen de Fátima, la de los milagros.

Antonia vivía presa en su silla de ruedas, desde hacía tres años atrás, cuando se sometió a una cirugia en sus piernas que afectó severamente a las terminaciones nerviosas de la médula, dejándola para siempre en una silla de ruedas - al menos era el pronóstico fatídico de los médicos- al comunicarle en el Hospital la cruda realidad de su diagnostico.

En la medida que Antonia se acercaba al Santuario de Fátima, en la vieja Lusitania, los latidos de su corazón bombeaban in crescendo, vigorosamente, mientras iba siendo envuelta por una brisa suave, de sabor dulce y atrayente, que la mantenía en un estado de paz espiritual, del que ya no quería escapar.

Al ver la imagen divina de la Virgen, Antonia, sintió flanquearse la débil línea que separa la vida de la muerte, y en el espacio de ese abismo, se encontró con una luz cegadora y resplándeciente que la empujaba energicamente hacía arriba, Antonia, no podía dejar de llorar al percibir las ondas de una voz dulce e hipnótica que le susurraba al oído - Levántate Antonia, - Levántate Antonia-

Antonia, bañada en un manantial de lágrimas, le preguntó a una de las cuidadoras del Santuario si podía levantarse. La cuidadora asintió gracilmente con la cabeza y... Antonia, se levantó y caminó como hacía muchos años no recordaba hacerlo, arropada por el aplauso masivo de los fieles, que vitoreaban llorando y gritando a un mismo tiempo : Es un milagro !!!Es un milagro !!!!!

Luz

El caso de Antonia Garrido Vallejo, de Trigueros (Huelva) ya está en el Vaticano, en espera de un veredicto que lo eleve a la categoría de MILAGRO.