Mi amiga Alaska, digo amiga y no porque la conozca personalmente, sino porque ha crecido conmigo en la misma época que a mí me ha tocado vivir. Los últimos coletazos del Franquismo, la revolución de una época constreñida carca-sexual que despertó con la apertura de la transición, las movidas Madrileñas, la marabunta de grupos cutre- musicales dónde todo valía con tal de no parecer anexo al regimen anterior...y bla, bla, bla...

Ella se ha apuntado a una de las corrientes de moda actuales que despuntan en la sociedad, el rechazo a todo lo que huela a tauromaquia, no le falta razón, el espectáculo taurino es de lo más sangrante y primitivo , pero he ahí la cuestión, la libertad de decidir si que quiere disfrutar de tal evento o se prefiere vivir al margen del mismo.

Confieso que de pequeña cuando veía las corridas de toros por televisión (casi por obligación) pues no existia más que una cadena televisiva en la que recrearse. Al ver aquellas patéticas imágenes dónde el torero hacía exhibición de su poder frente al toro (animal bello y fuerte donde los haya) nacían en mí sentimientos vengativos en relacion al torero que me hacían preguntarme si aquello que yo sentía eran arranques "normales" o del todo "exagerados".

La cuestión es que ya he crecido lo suficiente como para restarle importancia a una tradición que no cambia para nada el rumbo de mí vida. Que no me gusta el mundo de la tauromaquía es un hecho indiscutible y arraigado en mí desde que era un mico, sin embargo, creo que hacer bandera de la solidaridad con los toros desde un punto de vista comercial y egocentrista, no es el camino más indicado para erradicar el mundo del toreo, resulta mucho más eficaz la práctica del portazo al acto en sí..sin clientes no hay putas ni pescadillas que se muerdan la cola social, primera lección que debería tener superada una sociedad madura.

alaskatauromaquia